Una nueva manera de leer a Edgar Allan Poe (1809-1849): esperar a que caiga la noche en una habitación oscura, colocarse audífonos para escuchar música tenebrosa, comenzar a deslizar el dedo sobre una pantalla para hojear los cuentos clásicos del maestro del terror y, de repente, oír el graznido de un cuervo, el palpitar acelerado de un corazón (¿será el propio?).